Milagro de Empel. 7 Y 8 de Diciembre de 1585.

Milagro de Empel. 7 Y 8 de Diciembre de 1585.

Empel, el misterioso milagro que evitó la masacre de un tercio español en Holanda.

España celebra a la Inmaculada como su patrona y protectora desde 1644 y cada 8 de Diciembre es día festivo nacional. Lo que no es tan conocido, es que una vez más, fué una batalla librada por valientes soldados españoles la que dió origen a su veneración que llega hasta nuestros días. Hoy recordamos su gesta, el conocido como Milagro de Empel.
El milagro de Empel, por Augusto Ferrer-Dalmau.
A mediados del siglo XVI, los protestantes calvinistas emprendieron la llamada “Beeldenstorm” o “Tormenta de imágenes” en el territorio de la actual Holanda, destruyendo y quemando todos los iconos religiosos. Muchas imágenes se salvaron gracias a católicos que las escondieron de la barbarie. En 1568 estalló en Flandes una rebelión contra la Monarquía Hispánica, la Guerra de los 80  que enfrentó a las 17 provincias de los Países Bajos contra su soberano, quién era también rey de España.
El 7 de Diciembre de 1585, el Tercio Viejo de Zamora de unos 5.000 hombres, liderado por el maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla, combatía en la isla de Bommel, entre los ríos Mosa y Waal, cuando se vio bloqueado por la flota enemiga, la escuadra del almirante Filips van Hohenlohe-Neuenstein.
El Tercio Viejo de Zamora afrontaba su quinta jornada en medio del frío, del hambre y de la lluvia. Los rebeldes holandeses habían abierto los diques y la zona había quedado anegada, dejando a los españoles cercados y en una situación desesperada ante el cerco naval de unos 100-200 barcos. No quedó más tierra firme que el monte de Empel, donde se refugiaron los soldados del Tercio. Ante la evidente desventaja y delicada situación española, el jefe enemigo propuso  una rendición honrosa para el Tercio, pero la respuesta española fue clara y contundente: “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”. Sin esperanza de victoria y confiando su suerte a Dios, los españoles empezaron a cavar trincheras para defenderse. En ese crítico momento un soldado del Tercio cavando una trinchera tropezó con un objeto de madera allí enterrado. Era una tabla flamenca con la imagen de la Virgen María, seguramente enterrada por fieles católicos para salvarla de la “Beeldenstorm”. La imagen conservaba sus colores vivos y sus trazos como si acabase de ser pintada.
Hallazgo de la imagen de la Virgen.
Anunciado el hallazgo, colocaron la imagen en un improvisado altar y el Maestre Bobadilla, considerando el hecho como señal de la protección divina, instó a sus soldados a luchar encomendándose a la Virgen Inmaculada: “Este tesoro tan rico que descubrieron debajo de la tierra fue un divino anuncio del bien, que por intercesión de la Virgen María, esperaban en su bendito día.” Por la noche ocurrió algo muy extraño y muy inusual en aquellas tierras: un viento gélido descendió sobre el río Mosa y las aguas se congelaron. Este acontecimiento los españoles lo consideraron un milagro. El Tercio convencido de tener la ayuda divina, marcho sobre el hielo, atacando por sorpresa a la escuadra enemiga al amanecer del día 8 de Diciembre.
Avance del Tercio viejo de Zamora.
Desprevenidos y con los barcos encallados en las aguas heladas, los rebeldes no esperaban ningún tipo de ataque por parte de las aisladas tropas españolas. El Tercio abordó, quemó y capturó los barcos enemigos consiguiendo una victoria implacable. Solo algunos navíos pudieron huir antes de quedar totalmente atrapados en el hielo. Se dice que el comandante holandés, atónito ante lo ocurrido, comentó: “Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro”.
Asalto a los navíos sobre las aguas heladas.
Aquel mismo día, entre vítores y aclamaciones, la Inmaculada Concepción es proclamada patrona de los Tercios de Flandes e Italia. Tras aquél episodio, los Tercios seguirían combatiendo y contando sus batallas por victorias: Breda (1624), Nördlingen (1634)… Hasta el desastre de Rocroi contra Francia, en 1643, donde como es sabido, el Duque de Enghien preguntó a uno de los pocos supervivientes españoles cuántos eran y éste respondió con un lacónico “contad los muertos”.
Pero esta ya es otra historia….
Artículo extraído, con su consentimiento, de: Batallas de Hispania.

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